En la calle Sant Lluís, 14, en el bohemio y alternativo barrio de Gràcia de Barcelona, un rótulo que luce la naïf ilustración de un gato, nos anuncia que llegamos al Gatuari, un santuario para gatos o un cat-café muy especial, en el que puedes pasar un rato agradable en compañía de felinos mientras te tomas un café o un refresco o puedes conocer a tu futura mascota, si tienes ganas de adoptar.

Cuando entramos en el local, nos reciben Clara Clemente, educadora social de formación que actualmente está realizando un curso de Ayudante Técnico Veterinario; Enric Sintes, ingeniero de telecomunicaciones y analista informático apasionado del mundo felino, y Meritxell Jaén, periodista y gran defensora de estos animales, que aprovecha los conocimientos de su profesión para llevar las redes sociales del proyecto y la comunicación. Antes de franquear la puerta de entrada a la zona gatuna, realizamos el ritual indispensable para poder acariciar sin riesgos a los felinos: nos pasamos un gel aséptico por las manos, pues lo más importante para los fundadores de este espacio es el bienestar de los animales que vienen a parar aquí.

«Enric, Meritxell y yo nos conocimos en una protectora de rescate, en la que participábamos como voluntarios y veíamos que había una serie de gatos adoptables, sociables y que tenían que estar en una casa pero que costaba mucho encontrar a alguien que se interesara en ellos porque se habían convertido en invisibles, pasaban muy desapercibidos. Vimos que en Madrid la Gatoteca cambió el concepto de cat-café para hacer algo más social, con adopciones, y eso coincidía totalmente con lo que nos gustaría hacer a los tres, así que fuimos a Madrid a hablar con Eva Aznar, de la Gatoteca, que fue pionera, para que nos aconsejara y tiramos este proyecto para adelante», explica Clara Clemente, quien añade que lo que les resultó más interesante era aunar la parte de adopciones de gatos invisibles con un lugar donde poder hacer pedagogía y educar para que la gente pudiera tener contacto con estos animales y aprender de forma directa. «Con los perros es más fácil, los ves por la calle y te relacionas con ellos, pero los gatos son grandes desconocidos», apunta Clemente.

Así, Gatuari abre de martes a domingo de 10:30 a 14:00 y de 17:00 a 21:00 (los lunes cierra) y permite la entrada a grupos de 10 personas. «Hay varias formas de disfrutar del centro: hay personas que acuden a este lugar a pasar un rato en compañía de gatos porque le gustan mucho pero a lo mejor no pueden adoptar porque hay algún alérgico en la familia o no les dejan en el piso, entre muchos otros casos. También es una forma de colaborar con el proyecto y ayudar a sostenerlo, y luego hay personas que si surge el feeling y se valora que es el gato adecuado se comienza un proceso de adopción», explica Clara Clemente.

Gatuari

Un proyecto autosostenible

La mayoría de cat-cafés que existen son asociaciones, pero a Clara, Enric y Meritxell no les convencía esta fórmula porque ellos querían dedicarse totalmente a este proyecto. De hecho, abandonaron sus antiguos trabajos para volcarse de manera profesional. «Después de mucho investigar vimos que la forma jurídica que más encajaba con el Gatuari era la de cooperativa, sin ánimo de lucro e iniciativa social, donde los beneficios que se puedan generar se reinvierten en el proyecto y en labor pedagógica, para concienciar a la gente sobre la importancia del bienestar animal», indica Enric Sintes.

Así, se cobra entrada (6 euros la hora para adultos y 4 euros niños, parados y jubilados). «El mínimo tiempo que permitimos estar a la gente es media hora, para evitar las entradas y salidas constantes, porque aunque los gatos son sociables, siempre hay alguno más tímido al que no le gusta ver entrar y salir a gente continuamente», afirma Sintes, quien aprovecha para reivindicar el bienestar animal como una profesión. «Hay una ingente cantidad de voluntarios que dedican su tiempo y su dinero al bienestar animal, con colonias de gatos en la calle o en rescate y que ayudan al ciudadano y a los gatos sobre todo y esto no debería de ser así. Tendrían que ser las instituciones las que fomentaran esta tarea», asevera.

Poniendo en valor a los gatos invisibles

Meritxell Jaén nos comenta que Gatuari abrió sus puertas el 12 de agosto de 2016 y que comenzaron con cinco gatos que llegaron de Albacete. Luego han ido teniendo 10, 12, 14…dependiendo del momento. «Solo trabajamos con protectoras o asociaciones, no con particulares y tenemos un perfil de gato muy concreto, el gato al que nosotros llamamos «invisible». Son gatos que por lo común llevan mucho tiempo en refugios o protectoras esperando ser adoptados y que no acaban de encontrar humano por diferentes motivos: por temas estéticos, de salud, de comportamiento…sin llegar a ser agresivos. Aquí tenemos muchos gatos negros, por ejemplo». Jaén explica que los gatos del Gatuari son felinos adultos de al menos 1 año que ya tienen una madurez y entre otras cosas, ya están esterilizados. «Los animales que vengan a parar al Gatuari deben ser sociables, convivir bien con otros gatos y tolerar el contacto humano; es decir, tienen que ser adoptables. La idea es que pasen poco tiempo aquí, el mínimo posible. Nuestra colonia suele ser de unos 10 gatos de media normalmente. Gatos y gatas al 50%. Equilibramos caracteres y estéticamente nos da igual. Primamos a los que llevan mucho tiempo en refugio», señala Meritxell Jaén.

¡El gatuari es un observatorio espectacular!

El Gatuari es un universo gatuno confortable y lo suficientemente espacioso para que los animales acogidos puedan convivir y relacionarse sin problemas. Vemos como mientras hablamos con Meritxell, Enric y Clara, Heidi, una gata elegante y tranquila nos observa sigilosamente desde su cojín, en la parte más alta de un árbol trepador. Enric nos cuenta que los primeros días no bajaba del árbol y que ahora es super cariñosa con la gente. «Heidi ha crecido en un refugio, rodeada de gatos y con la única presencia humana de la chica que los cuidaba, por eso no estaba acostumbrada a convivir con personas. Después de dos meses viviendo en las alturas (solo bajaba cuando nos íbamos) comienza a confiar porque ve que tanto nosotros como las personas que vienen no le vamos a hacer ningún daño», explica Enric. Al mismo tiempo, Levis, un precioso gato gris aparece en escena, se deja acariciar y se queda hecho un ovillo detrás de mi silla. Me lo llevaría ahora mismo y mis hijas me amarían eternamente porque en casa adoramos a los gatos, pero tengo una razón de peso para no hacerlo: ¡soy alérgica! Hay que decir que por el momento y dado que el espacio cuenta con el mínimo de textiles y está muy pulcro, los efectos del ambiente gatuno no me han hecho tanta mella como era de esperar. Al rato viene Felipe, otro gato de gran porte de color negro y abundante melena que se encara con Levis. Se mantienen la mirada y maullan sin entrar en pelea. ¡El gatuari es un observatorio espectacular!

Enric Sintes entra en detalle con Levis y me dice que es un terremoto y que llegó al Gatuari  de la mano de una voluntaria de la Asociación Vilanova Gat i Gos que alimenta a una colonia en este municipio- «lo encontró merodeando por la colonia, en la calle y como lo veía muy sociable y vulnerable lo tuvo un tiempo en su casa acogido antes de pensar en Gatuari como opción», explica Enric.  Levis es un gato que para una casa donde haya niños con energía es perfecto», asegura. Por otra parte, Meritxell Jaén, refiriéndose a los gatos del centro que han llegado de un refugio añade que «hay que tener en cuenta que en los refugios los gatos tienen que competir por la comida, el territorio… y aquí tienen sus necesidades satisfechas, además cada 15 días viene la veterinaria que tenemos contratada y les revisa».

Amor a primera vista

En cuanto al ritmo de adopción, Clara afirma que depende del mes y que hay temporadas. «En verano, curiosamente, se adoptan bastantes y en Navidad. Pero en Navidad los entregamos después del día 7 para que no sean un regalo de Reyes y en verano pedimos a la familia o al adoptante que espere a regresar de vacaciones. Entre Junio y Julio adoptaron diez de golpe y tuvimos que hacer una introducción de diez más», asegura Clara Clemente.  Enric Sintes añade que hasta el momento en el Gatuari se han dado en adopción 71 gatos y solo se ha contado con dos rechazos: uno por incompatibilidad y otro tras un año y por cambios drásticos en la vida de su dueña. Ambos tardaron solo una semana en encontrar nuevo humano. «Lo más común es que los gatos salgan en semanas o en meses. Nunca les ponemos un plazo, aunque aquí el que más tiempo ha parado ha estado 11 meses. Es bastante, pero teniendo en cuenta que algunos de ellos se han tirado 2 o 3 años en refugio, para nosotros es un logro, teniendo en cuenta que son perfiles complicados».

Con las personas que tienen la idea de adoptar, lo interesante, según Enric Sintes es ver si el animal encaja con la persona, con su ritmo de vida, si la persona viaja mucho, si suele ir mucha gente a su casa, si comparte piso, si tiene hijos, si trabaja muchas horas fuera de casa… «hay un montón de cosas que podemos valorar para intentar encontrar el perfil de gato que más encaje con cada familia», asegura.  Clara Clemente añade que en Gatuari se han especializado en personas que no han tenido nunca un gato como mascota y en buscar compañeros felinos para los gatos que ya están en casa. «Antes de entregar al animal en adopción obligamos a hacer un curso de bienestar del gato que impartimos nosotros, con lo cual, para los novatos es perfecto porque les da todas las herramientas que pueden necesitar, sobre todo en la primera etapa, pero también de por vida. Luego, buscar compañero felino para otro gato es un proceso difícil porque en ocasiones la gente acaba con la casa partida en dos y con situaciones muy complicadas. Pero hacer ese proceso lentamente, con cuidado y sin prisas hace que el 100% de casos en los que hemos buscado compañero nos haya salido bien», asegura Clemente.

El proceso de adopción en Gatuari consta de varias visitas en las que el animal y el humano se van conociendo y los profesionales del centro aconsejan la mejor opción, dependiendo de un buen número de circunstancias, como veíamos. Se debe realizar un cuestionario de preadopción, como en cualquier protectora o asociación y el curso de bienestar del gato del que hablamos anteriormente. «Mucha gente que no ha tenido nunca gato hace el curso y a partir de ahí ya tienen una idea y empiezan a buscar a su animal de compañía, pero hay gente que ya ha tenido gato que deja el curso para el final. Cada persona se organiza como prefiere», apunta Clara Clemente.

Gatuari

Yoga y servicio de Cat Sitter

Entre las actividades del Gatuari, una de las más innovadoras y atractivas es una clase de yoga en este relajante entorno felino que tiene lugar todos los domingos de 12:00 a 13:15 horas. Impartida por una profesional  para un grupo máximo de 10 personas, el nivel de la clase es variable. «Hay semanas que viene gente que nunca ha hecho yoga y otras que asisten practicantes de un nivel más avanzado e intentan adecuarse a las asanas que se practican ese día. No es un centro de yoga convencional en el que vas avanzando y evolucionando en el nivel, sino que lo importante es tener la experiencia de hacer yoga rodeado de gatos», concreta Enric Sintes.

Aparte, Gatuari ofrece la posibilidad a su red de clientes de cuidar de sus gatos cuando estos tengan que ausentarse de casa. Enric Sintes comenta que cuentan con diferentes tipos de clientes: aquellos que por trabajo viajan mucho todo el año y no tienen con quien dejar a su compañero de cuatro patas y aquellos que quieren irse un mes de vacaciones y prefieren dejar el gato en casa pero bien cuidado. «Nuestro objetivo es que el gato eche lo menos posible a su humano. El servicio lo ofrecemos durante una hora o el tiempo que nos solicite el dueño: cuidamos del gato: le limpiamos el arenero, le ponemos agua y comida, lo mimamos, jugamos con él…y si hay que darle alguna medicación, se la damos. Solo cubrimos la ciudad de Barcelona», explica Sintes.

El número de visitas va en función de cómo sea el gato y de lo que decida la familia o el dueño. Los responsables de Gatuari, no obstante, aconsejan que no se deje a los animales dos o tres días solos, sino que alguien se pase a verles al menos una vez al día o día sí, día no.  A lo mejor un gato adulto tranquilo tiene suficiente con una visita cada dos días o cada tres, pero si es un gato muy cariñoso pueden ser necesarias hasta tres visitas diarias. La tarifa estándar es de 15 euros entre semana y 20 los fines de semana. La más cara que se contempla es de 35 euros, en aquellos lugares más alejados del Gatuari, que incluye el transporte del cuidador.

«Para aceptar este servicio primero hacemos una visita previa en la que conocemos al gato, valoramos la situación, vemos la logística de la familia y si hay alguna medicación que dar: alguna pastilla, pinchar insulina si el gato es diabético…Hemos cubierto muchos canguros de personas que no podían hacer vacaciones porque tenían que medicar al gato y ahí es un poco más difícil confiar en alguien de la familia o en algún amigo que se haga cargo», explica Enric.

Salimos del Gatuari con una muy buena sensación, relajados y con ganas de querer llevarnos a Levis y a Fito, dos gatos muy cariñosos que junto a los demás merecen un hogar que les ofrezca una nueva oportunidad. Visitando lugares como Gatuari uno no puede dejar de pensar en la falta que hacen iniciativas de este tipo para otorgar un trato digno a estos animales tan especiales que son los felinos. ¡Volveremos sin duda!

 

Gema Salgado

Gatuari: Algo más que un cat-café

¿Santuario para gatos o cat-café? Gatuari, situado en el corazón de Barcelona, es un local muy especial en el que puedes pasar un rato agradable en compañía de felinos mientras te tomas un té, un café o un refresco o puedes conocer y acabar encontrando a tu futura mascota.

Cat-café Gatuari