En 1953, el psiquiatra infantil estadounidense Boris Levinson observaba cómo un niño autista con problemas de introversión mejoraba sus bloqueos y miedos gracias a la presencia casual de su perro Jingles en su consulta. Jingles captó la atención del chico y éste comenzó a acariciarlo y a comunicarse con él de una forma tan emotiva que consiguió arrancar a hablar, para sorpresa de sus padres y del psiquiatra. Levinson supo ver el potencial  terapéutico del perro y a partir de aquel momento utilizaría siempre a Jingles en su consulta, asentando la base de lo que hoy se conoce como Terapia Asistida con Perros.

“Aparte de haber alcanzado la madurez emocional, los perros de terapia deben ser muy sociables, con  una capacidad rápida de recuperación en caso de que entren en estrés.”

En la actualidad, este tipo de terapia utiliza animales dóciles, que pueden ser de raza o mestizos, educados y adiestrados previamente para incorporarlos a las visitas a centros de salud, geriátricos, centros de menores o penitenciarios o centros de educación especial como parte del tratamiento que sigue la persona. Francesc Ristol, director general del Grupo CTAC (Centre de Teràpies Assistides amb Cans) y técnico en intervenciones asistidas con perros, de Barcelona, explica que “aparte de haber alcanzado la madurez emocional, los perros de terapia deben ser muy sociables, con  una capacidad rápida de recuperación en caso de que entren en estrés. Tienen que ser animales a los que les guste trabajar con el refuerzo positivo a través del juego y las recompensas de comida”.

Según Ristol, el perro para terapia se evalúa por sus características individuales, no por pertenecer a una raza determinada, aunque actualmente se descartan los animales catalogados por ley como razas peligrosas porque los seguros de responsabilidad civil no cubren a este tipo de perros para estas actividades. Los Golden Retriever o los Labrador Retriever son de los más requeridos, aunque también es común ver como perros de terapia al Border Collie, al Cocker americano o a perros mestizos, entre otros. Aparte de tener una correcta socialización y educación, lo más importante en un perro de terapia es su predisposición a participar en las sesiones.

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Una parte del equipo canino del CTAC

Un trabajo en equipo

La terapia asistida con perros sirve de apoyo, como veíamos, en residencias geriátricas, en centros penitenciarios y de menores, en instituciones de salud mental, en centros de educación especial e incluso en hospitales, como es el caso del Hospital materno-infantil Sant Joan de Déu, en Barcelona, que desde hace siete años cuenta con una unidad de intervenciones asistidas con perros.

Tras estudiar las necesidades a tratar, un equipo interdisciplinar formado por un especialista médico o bien por un psicólogo, fisioterapeuta, educador u otros profesionales de las distintas áreas, y el adiestrador o técnico en este tipo de terapias, que se encarga de la educación, el manejo y el bienestar del animal y de hacer que trabaje de forma adecuada, se trazan unos objetivos específicos para interactuar con el perro.

Los objetivos, siempre marcados por los diferentes terapeutas, pueden ser de tipo físico: mejorar la movilidad y coordinación, favorecer la actividad física, trabajar la motricidad fina, en el caso de personas con alguna discapacidad; pueden ser objetivos de salud mental: reforzar la autoestima, desarrollar sentimientos de afecto, favorecer la expresión de emociones, recuperar el sentido de la responsabilidad y la utilidad, algo que suele darse en centros de la tercera edad cuando intervienen perros, u otros objetivos cognitivos, como: estimular la memoria, favorecer el lenguaje y estimular la atención y la concentración.

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Equipo del Proyecto Tan Amigos

Alexia Piédrola Falcó, fisioterapeuta y técnico en terapias asistidas con animales del Proyecto Tan Amigos, de Tarragona, explica que en centros de educación especial, donde hay niños con parálisis cerebral, Síndrome de Down o autismo, entre otras patologías, se realiza mucha estimulación basal para favorecer la movilidad. “Los niños tocan al perro y le cepillan el pelo, juegan con él y centrándonos en el animal reforzamos diferentes materias: colores, números…”

Francesc Ristol afirma, por su parte, que en el caso de los niños con problemas de aprendizaje, el perro funciona como un catalizador y canalizador de emociones y de llamada de atención. “El perro hace que el niño centre su atención y se concentre al 100%, de manera que se puede trabajar cualquier materia educativa de forma efectiva”.

“El perro hace que el niño centre su atención y se concentre al 100%, de manera que se puede trabajar cualquier materia educativa de forma efectiva”

En geriátricos, la presencia de los peludos es un generador de estímulos positivos continuos, ya que da pie a las personas mayores a romper la rutina, a comunicarse con ellos, a propiciar una conversación con sus compañeros en torno al perro, a acariciar al animal y recibir sus mimos, sin ser juzgados, y a mejorar su estado de ánimo. “En residencias de personas mayores nos centramos en trabajar la autoestima, los vínculos emocionales y el mantenimiento de las tareas cotidianas”, afirma Ristol.

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Una jornada de tres horas

A diferencia de la jornada laboral de las personas, los perros de terapia suelen trabajar no más de tres horas por día. “En CTAC tenemos un equipo de 20 perros trabajando y van rotando. Por lo general, cada técnico nos manejamos con tres canes y vamos introduciendo a cada animal de forma puntual, con lo cual, si los programas en cada centro duran unas tres horas son tres horas presenciales para el perro, pero no íntegramente de trabajo, luego tienen días libres y gozan de un programa estructurado de bienestar animal”. En el caso de CTAC, los perros de terapia viven con los profesionales y se les da un trato similar al de cualquier animal de compañía. Periódicamente se someten a controles veterinarios, a desparasitaciones internas y externas y a una higiene vigilada para poder ofrecer una mejor garantía sanitaria.

Perros en centros hospitalarios 

Uno de los ámbitos donde resulta muy favorable la intervención terapéutica con perros es el hospitalario. Como veíamos anteriormente, desde hace siete años, el primer servicio de este tipo implementado en la sanidad pública es la unidad  de intervención funcional de perros de terapia del Hospital Materno-Infantil de Sant Joan de Déu. “Actualmente la red funcional dispone de un equipo de doce perros y trabajamos en todas las áreas del hospital por prescripción médica. Nos lo puede solicitar cualquier profesional que vea la necesidad de intervención de los perros: en urgencias, en traumatología, en odontología, en la sala de espera…”, asegura Francesc Ristol.

El perro genera en el niño una emoción de ternura y confianza que hace que se relaje y baje la guardia, permitiendo a los sanitarios realizar más fácilmente su trabajo.

Introducir un perro en urgencias cuando la enfermera intenta poner una vía al niño ayuda a distraer la atención del menor hacia el animal y a disipar el miedo a estar en el hospital y al efecto “bata blanca”. El perro genera en el niño una emoción de ternura y confianza que hace que se relaje y baje la guardia, permitiendo a los sanitarios realizar más fácilmente su trabajo.

De la misma manera,  mediante la terapia con canes se motiva a los pequeños cuando han sido sometidos a una intervención de traumatología, por ejemplo, a colaborar de mejor grado en la rehabilitación, porque al peinar o dar de comer al animal, los niños hacen los ejercicios que necesitan. Además, el juego con el perro disminuye sus miedos y su percepción del dolor.

Una segunda oportunidad

Hace 10 años, Alexia Falcó trabajaba como veterinaria para la perrera municipal de Tarragona y decidió poner en marcha el Proyecto Tan Amigos, con el objetivo de ofrecer una segunda oportunidad a aquellos animales de la protectora que reunieran unas buenas condiciones para ejercer como perros de terapia. Actualmente el Proyecto Tan Amigos trabaja en más de 30 centros de Tarragona, Lleida y Barcelona y tiene una red de unos 500 usuarios.

“buscamos no tanto la raza como un carácter: que el animal se lleve bien con otros perros, que le guste interactuar con las personas y agradar…”

Alexia Piédrola Falcó, fisioterapeuta especializada en neurología e hija de la impulsora de este proyecto, explica que a la hora de seleccionar a los perros en la perrera “buscamos no tanto la raza como un carácter: que el animal se lleve bien con otros perros, que le guste interactuar con las personas y agradar…Se hace un pequeño test sin adiestramiento entre todos los perros y  al animal que reúna las condiciones básicas, un técnico del equipo se lo lleva a su casa con sus otros perros, donde permanecerá unas 2 o 3 semanas adaptándose y realizando un adiestramiento muy básico. A partir de este tiempo se le empieza a llevar a alguna sesión y si vemos que el perro es válido lo aceptamos como animal de terapia, pero si no acaba de cuajar, se le busca una familia en adopción”.

Al igual que veíamos con los perros del CTAC, en el Proyecto Tan Amigos, los perros conviven también con los técnicos que los educan debido a la importancia de crear un vínculo humano-animal. “A las sesiones intentamos llevar perros muy diferentes: alguno más pequeño y activo, más indicado para favorecer la comunicación y la movilidad y fácil de coger en las piernas por las personas mayores, o perros más tranquilos, para cuando se requiere un trabajo más sensorial o de atención, por ejemplo”, asegura Alexia Piédrola.

Integración social 

La fisioterapeuta del Proyecto Tan Amigos asegura que el trabajo con perros de terapia es muy gratificante siempre, pero hay algunos casos especialmente emocionantes. “Trabajamos en centros de menores con chicos y chicas con vidas muy duras y a través de los perros, estos jóvenes pueden trabajar la aceptación propia, su autoestima, la empatía con los animales y con las personas que les rodean… Como el perro no juzga, los chicos conectan con él enseguida proyectando lo mejor de sí mismos y obteniendo mucho cariño y ternura del animal. Además, aprenden a mejorar su lenguaje verbal y no verbal, relacionándose con el perro en positivo, sin insultar, y tratándole con amabilidad”, apunta la fisioterapeuta.

De esta manera, perros que podían acabar sacrificados por falta de una familia de adopción en la perrera, salvan su vida y acaban reintegrados en la sociedad como elementos promotores de salud física y mental y como un estímulo emocional de gran trascendencia.

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País referente en intervenciones con perros 

“Lo que es sorprendente en la evolución de la terapia asistida con canes es que cuando empezamos hace 17 años costaba mucho la inclusión de estos animales dentro de los programas terapéuticos y a fecha de hoy, España se ha convertido en un referente en aplicación de intervenciones con perros. Cada vez hay más demanda por parte de todos los colectivos, incluso coach de empresas nos solicitan perros”, señala Francesc Ristol, de CTAC, quien argumenta que de igual manera crecen el número de personas interesadas en realizar una formación profesional para trabajar en este tipo de terapias.

Francesc Ristol compatibiliza su trabajo de técnico en intervenciones asistidas con perros y de director general del grupo CTAC con la dirección del master de intervenciones asistidas que se imparte en los campus docentes de Sant Joan de Déu y de la Universidad de Barcelona. “Es un master dirigido a profesionales de la salud: médicos, psicólogos, enfermeros, fisioterapeutas …así como a educadores y otros titulados universitarios interesados en este abordaje,  con contenidos presenciales y virtuales y prácticas en el Hospital de Sant Joan de Déu. El objetivo del master es formar expertos en la práctica de las intervenciones asistidas con perros y este es uno de los pocos cursos de formación completa que existen hoy por hoy. La matriculación se abre del 4 al 30 de Julio y el master se realizará entre los meses de septiembre y diciembre del año en curso.

El perro de terapia

Fiable y muy sociable, el perro de terapia se ha convertido en los últimos años en un facilitador de primer orden, capaz de mejorar la movilidad física de la persona, la atención, concentración y el lenguaje de niños discapacitados o con problemas de aprendizaje, y también para reforzar la autoestima, favorecer la empatía o la expresión de emociones. En hospitales, los perros de terapia ayudan a los pacientes en su recuperación, reduciendo su estrés y mejorando su estado de ánimo. 

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