Teoría de la dominancia: desmontando el mito

Lo mejor para prevenir o manejar los problemas de agresividad canina hacia la familia es establecer un vínculo sano con el perro a través del afecto, el juego y las actividades al aire libre

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Actualizado el 3 mayo, 2019

En los últimos años, diferentes programas de televisión dedicados al adiestramiento canino han popularizado la teoría de la dominancia y el uso de términos como «macho alfa» para explicar el comportamiento social de los perros, favoreciendo maneras de educar equivocadas que pueden dañar el vínculo entre perro y humano y aumentar el riesgo de mordeduras caninas a personas por miedo o estrés. Te explicamos qué hay de mito y de realidad en todo ello.

En 1970 el biólogo estadounidense David Mech, en su libro El Lobo, ecología y comportamiento de una especie en extinción, daba a conocer la teoría de la dominancia tras el estudio de grupos grandes de lobos criados en cautividad y no emparentados. En esta obra explicaba el modelo social de las manadas y describía cómo lobos en cautividad de diferentes procedencias se peleaban por la dominación sobre los demás. El que ganaba, ya fuera macho o hembra, pasaba a ser considerado el alfa y los demás se organizaban en un rango inferior.

El problema de estas afirmaciones es que esta estructura social que citaba Mech no se correspondía con lo que sucedía con los lobos cuando viven en libertad y en la naturaleza. Posteriormente, en 2000 este autor rectificaba su error de interpretación y publicaba otro libro en el que desmontaba su anterior teoría y concluía que habría sido más adecuado utilizar los términos macho y hembra reproductora, incluso padre y madre para referirse a los animales que había considerado «alfa», ya que la estructura  social de los lobos viviendo en libertad se basa en grupos familiares cooperativos en los que los padres guían a la descendencia en el desarrollo de las habilidades sociales y de caza y la estructura jerárquica que aparece es de relaciones entre padres e hijos más que de enfrentamientos competitivos y agresivos.

Mech explica en su nuevo libro que en las manadas, que pueden albergar hasta a 30 miembros, cuando abunda la comida todos comen a un tiempo, pero si escasea, primero se alimentan las crías o las madres. También destaca que cuando un joven lobo quiere liderar abandona el grupo para formar su propia manada y no se enfrenta al padre, como se había creído. Al parecer, aunque el concepto de familia no excluye las relaciones de dominancia y de jerarquía, en estos grupos no hay un «alfa» alcanzado a través de la fuerza o la agresividad, y la jerarquía es flexible.

Si tenemos esto en cuenta y partimos de que la selección basada en la docilidad  es uno de los principales criterios durante el proceso de domesticación del lobo hasta el perro actual, explicar que el comportamiento agresivo del perro doméstico está influenciado por el deseo del animal de alcanzar un estatus superior parece difícil de mantener. Asociaciones de veterinarios como AVEPA (Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales), han cuestionado en numerosas ocasiones la visión clásica de la agresividad por dominancia planteando que en la mayoría de casos, el problema de agresividad hacia la familia no se trataría de un conflicto jerárquico sino que estaría relacionado «con la protección de recursos valiosos o la defensa frente a manipulaciones percibidas como amenazantes para el perro, donde la dificultad del animal para predecir lo que va a ocurrir, la frustración de expectativas, el aprendizaje y el miedo, especialmente si hay castigos exagerados, juegan un papel determinante».

AVEPA señala además que un destete precoz y la adopción del cachorro antes de las 7 semanas predispone a los animales a manifestar problemas de conducta, entre ellos, la agresividad a propietarios, al igual que factores como patologías orgánicas ligadas al dolor, o alteraciones a nivel neuroquímico (bajos niveles de serotonina y altos niveles de cortisol) en algunos perros con problemas de agresividad, como describen diversos trabajos de investigación y la evidencia clínica.

Reacciones por miedo o estrés

Muchos casos de agresividad canina tienen lugar por una educación incorrecta basada en generar miedo en el perro cuando hace algo que molesta al dueño, pensando que con su actitud el animal quiere imponer su dominancia. Así, mostrar al perro quién es el jefe, tumbándolo y manteniéndolo boca arriba (alfa-roll) o de lado (dominance down), pegar al perro o cogerle del cuello comporta con frecuencia respuestas agresivas por su parte, ya que aprende que en algunas ocasiones el dueño se vuelve peligroso y tiene que defenderse de él. Otra gran fuente de conductas molestas para la convivencia tienen que ver con el estrés excesivo del animal. A veces, el exceso de ejercicio o el ejercicio explosivo puede ser un gran estresor, entre otras cuestiones. Por todo ello, lo mejor para prevenir o manejar los problemas de agresividad canina hacia la familia es establecer un vínculo sano con el perro a través del afecto, el juego y las actividades al aire libre, constituyendo para él una referencia de calma y seguridad.

Algunos consejos para evitar la agresividad en tu perro

  1. En caso de que quieras adoptar un cachorro hazlo alrededor de las 8 semanas de vida, evitando el destete precoz, siempre que sea posible.
  2. Una vez adoptado, procúrale una socialización adecuada, tanto con miembros de su especie como con personas (niños y adultos).
  3. Asegúrate de que tu peludo recibe las cinco necesidades básicas: comida, paseos, afecto, descanso y juego.
  4. Permítele que durante los paseos se tome su tiempo para olisquear. Esto le ayudará a relajarse y además le aportará estimulación mental.
  5. No le molestes mientras come o descansa ni fuerces los contactos (caricias), especialmente si es miedoso.
  6. Ten paciencia para enseñarle a adaptarse a las normas de convivencia y sé consistente en su educación sin variar los límites establecidos.
  7. Si quieres adiestrar a tu perro en obediencia básica u otras disciplinas o habilidades, busca a un profesional que trabaje mediante técnicas de refuerzo positivo y rehuye de aquellos que basan su filosofía de trabajo en la «teoría de la dominancia».
  8. No emplees la fuerza ni los gritos para corregir los comportamientos indeseables de tu perro, incluidas las señales de agresividad.
  9. Aparte de llevarle al veterinario para las visitas rutinarias, hazlo para tratar cualquier enfermedad, incluyendo los procesos que cursan con dolor.
  10. Si tu perro muestra problemas de agresividad contacta con un veterinario especialista en comportamiento (etólogo).

 

Fuente: GrETCA (Grupo de Especialidad de Etología Canina de AVEPA).