«Entender a nuestro perro es una forma de conocernos a nosotros mismos». Entrevista con Oriol Ribas.

8 Nov 2022 | Entrevistas, Saludmascotas | 0 Comentarios

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Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona y miembro de la Sociedad Española de Etología, Oriol Ribas se dedica al comportamiento canino desde 1995. Desde entonces ofrece asesoramiento a las familias que detectan algún problema de conducta en su peludo o que tienen dudas sobre la mejor manera de educar a su cachorro. Ribas es activo en la divulgación de artículos sobre etología e imparte cursos y conferencias por todo el mundo sobre comportamiento canino. Es autor del libro Uno más en la familia (Ed Zendrera).

¿Como te metiste en el mundo del comportamiento animal?

Desde pequeño me han atraído muchísimo los animales. Guardo postales de mi abuela de cuando yo tenía 3 o 4 años que le escribía a mi madre diciéndole: «Es sorprendente la admiración que le causan los animales». O sea que ya me viene de muy atrás. Siempre me han interesado los animales, en especial su comportamiento y esto me permite hacer lo que me gusta y ganarme la vida. Aparte, considero que el perro es un sujeto de estudio muy interesante. Antes los científicos lo veían como una forma degenerada de lobo y lo menospreciaban, pero esto ha cambiado actualmente, ya que tanto genetistas como paleontólogos y especialistas en cognición se han dado cuenta de las ventajas que comporta este mamífero tan diverso. Otra cosa importante es que entender al perro es una forma de conocernos a nosotros mismos, ya que desde el punto de vista evolutivo somos familia; hemos estado compartiendo ancestros el 97% del tiempo desde que se originaron los primeros seres vivos, de los cuales todos descendemos.

Yendo a las particularidades del comportamiento de nuestros perros, una de las cuestiones más preocupantes cuando un perro empieza a formar parte de nuestra vida es que tendrá que pasar tiempo solo, debido a nuestras obligaciones laborales, algo que le puede llevar a sufrir trastornos de ansiedad por separación. ¿Cómo podemos mitigar esta realidad?

Cuando llega un cachorro a casa es una de las primeras tareas que debemos abordar, que de forma progresiva se vaya adaptando a quedarse solo, algo que normalmente es un aspecto aversivo para el perro, porque como animal social, la soledad la lleva mal. La idea consistiría en hacer salidas progresivas y lo más óptimo sería después de un paseo, cuando el perro ha tenido una serie de experiencias muy intensas y está relajado y más predispuesto a descansar…lo podríamos contracondicionar. Como la soledad es aversiva se le pone algún juguete para perros. Hay juguetes en el mercado que a los perros les motivan mucho pero que no es inmediato el extraer el premio, el pienso que lleva dentro. Otra cosa interesante también hoy en día son unas cámaras web de vigilancia que nos permiten obtener en tiempo real la imagen de lo que está ocurriendo en casa con nuestra mascota y grabarlo. Se pueden conseguir a partir de los 30 euros y pueden seguir el movimiento del animal y tienen sonido bidireccional, con lo cual podemos comunicarnos con él si le vemos muy ansioso. A través de nuestro móvil, de una app, podemos obtener información de primera mano sobre si nuestro perro lo está llevando bien o si se está angustiando.

Hay situaciones como el caso de perros que ya saben estar solos y por una situación como el confinamiento por Covid o vacaciones de sus humanos pasan a estar las 24 horas del día con la familia. ¿Qué hay que hacer en estos casos para que cuando se vuelva a la rutina cotidiana no se le haga imposible pasar de 5 a 8 horas solo?

Es cierto que los grandes dramas de ansiedad por separación se suelen dar por estas causas: periodos post vacacionales, fines de semana largos, periodos de baja, periodos de paro, teletrabajo… en los cuales nuestro animal se ha adaptado a una situación mejor para él, en la que ha ganado unos privilegios y luego le cuesta un poco volver al punto inicial. Sería recomendable que si le hemos dado un paseo y ha gozado de nuestra compañía buena parte de la mañana, por la tarde lo dejemos solo un par de horitas o tres para hacer nuestras cosas, de manera que no sea tan contrastado, que no sea: a partir del 1 de agosto todo el día con nosotros y a partir del 1 de septiembre, 8 horas solo. Es interesante que si desde cachorro (la mayoría de familias adoptan cachorros) le hemos acostumbrado a estar solo de forma progresiva, una vez que ya ha adquirido ese comportamiento, lo conservemos lo más posible para evitar problemas.

Otro de los grandes problemas en las consultas del etólogo son los miedos y las fobias. ¿A qué suelen tenerle miedo nuestras mascotas y cómo se puede combatir el carácter miedoso?¿Cómo hay que proceder con estos animales?

El miedo puede corresponder a una socialización incompleta, es decir, que no se haya habituado el cachorro en la fase entre las 8 semanas, en que llega a casa y la 12, a diferentes estímulos. Hay que explicar que en este tiempo, como las estructuras neuroanatómicas responsables del miedo no han madurado, es el momento adecuado para exponerlo de forma progresiva y suavemente a diferentes estímulos, para que vaya adquiriendo el aprendizaje de forma adecuada y no se asuste. Otro origen posible del miedo son las experiencias traumáticas. En ambos casos, lo que hay que hacer es una desensibilización sistemática, es decir, exponer al perro a una intensidad del estímulo lo suficientemente baja para que no se dé la respuesta de miedo. Es muy importante encontrar el umbral. Por ejemplo, si es miedo a cuando se cierra un contenedor o la persiana de un comercio, buscar una distancia en la que el perro se muestre ligeramente inquieto pero que no dé una respuesta de miedo. Así lo vamos trabajando y vamos habituándolo progresivamente e incrementando la intensidad del estímulo. Y por otro lado, hay que hacer un contracondicionamiento para que el perro realice otra asociación, de manera que lo que ve como amenaza lo acabe asociando con una experiencia agradable, positiva. Normalmente nos ayudamos del juego o de premios o combinamos ambas cosas.

Estas situaciones a las que dices que hay que exponerles poco a poco para que ellos vayan tomando idea de que no hay peligro, ¿cuáles serían?

Un perro puede tener miedo a cosas muy diversas. Si está mal socializado puede tener miedo a una persona que va con un casco de moto o a un niño pequeño, si no se le ha habituado… Puede ser a los ruidos y objetos propios de ciudad, puede ser incluso miedo a otros perros, si se le ha apartado de la camada más temprano de lo que se debería… Pueden ser ruidos, ruidos intensos como petardos, truenos… Casi todos los estímulos pueden ser susceptibles de generar miedo. Lo importante es no querer solucionar todos los problemas en un día. Hay que ir trabajándolo poco a poco.

Y la conducta agresiva, ¿por qué se suele dar en el perro? ¿Qué recomiendas para que estas conductas remitan?

La conducta agresiva es conducta no patológica, forma parte del etograma del perro, del repertorio de comportamientos que tiene el perro. Hay una gran variedad. Una posibilidad sería hacer una clasificación según las estructuras neuroanatómicas que lo controlan. Si es el hipotálamo dorsal, lateral o medial, puede ser agresividad ofensiva, defensiva, o depredadora. Otra posible clasificación sería en función del contexto y aquí podríamos distinguir entre la agresividad competitiva, cuando los perros se muestran agresivos porque compiten por recursos, ya sea un compañero sexual, la compañía del dueño; la conducta maternal, cuando la perra interpreta que sus crías están amenazadas; podría ser por miedo; intrasexual, que se da cuando los machos maduran hormonalmente, entre el año y los tres y se vuelven conflictivos con otros perros…otra sería territorial, y la redirigida, que se da cuando físicamente el perro se prepara para llevar a cabo una conducta agresiva pero no puede realizarla porque está atado, porque hay una verja o por cualquier otro impedimento y esta conducta se canaliza hacia otro objetivo. Podría ser también por dolor o por causas orgánicas (si hay un tumor o un desarreglo neurohormonal).

En cuanto a la educación del perro cuando es un cachorro, ¿Cuál es la mejor manera de educarle para que crezca con salud y sin problemas de comportamiento?

La educación del cachorro empieza en el mismo instante en que el perro pisa nuestra casa. Aquí básicamente deberíamos hacer énfasis en cinco puntos: en primer lugar, una socialización correcta. Hay que pensar que jugamos con el cronómetro en contra,  porque no se termina de una forma abrupta pero sí que es cierto que entre la semana 12 y la 16 se va perdiendo esta capacidad, se van volviendo más refractarios a este tipo de aprendizaje. Esta fase es el tiempo en que deberíamos habituarlo a la mayor variedad de situaciones y personas diferentes: desde operarios que van con chalecos amarillos, a niños pequeños, abuelitos con bastón, agentes de policía, personas de diferentes razas, para que su espectro de conocimiento en cuanto a personas y situaciones (ruidos de ciudad o del entorno en el que vivan, por ejemplo) sea lo más amplio posible. Debemos evitar perros conflictivos; debemos procurar que su educación sea en positivo y debemos habituarlos a los ruidos intensos, tipo petardos o truenos, como veíamos antes. Otra gran labor es la gestión de las cacas y pipís. Hay que saber qué se debe hacer, qué es contraproducente y arremangarse y trabajar. También es importante saber gestionar el tema destrozos, tanto si estamos en casa como si el perro se queda solo; que el perro vaya aprendiendo solo, y por último, saber cómo hemos de relacionarnos con él.

¿Y los perros maleducados?

Un perro no viene maleducado de fábrica. A base de un historial de refuerzos involuntarios, el perro se va volviendo más maleducado y más dependiente de nosotros. Por ejemplo, si tenemos a nuestro animal un ratito en el balcón, empieza a ladrar y le abrimos enseguida, la conducta de ladrar se verá reforzada, con lo cual repetirá e intensificará el ladrido, porque así obtendrá lo que quiere. Ladrará más fuerte, ladrará más rato o rascará la puerta. Esta conducta la aplicará en su casa y en todos lados, y una conducta que empezó como algo pequeño, que asomaba la cabeza, acaba en un comportamiento consolidado que puede ser muy molesto. Hemos de reforzar las conductas que nos interesan, no las que no nos interesan. Teniendo en cuenta estos cinco puntos de los que hablábamos antes, ya tendríamos un perro al que poder disfrutar, que sería equilibrado, que conocería las normas básicas. Se le puede hacer unos ejercicios básicos para que acuda a la llamada, que se quede quieto, que el paseo sea agradable…Luego hay algo que me encuentro a veces y es que hay personas que no siempre saben leer al perro, interpretarlo. Hay veces en las que pequeños mordiscos o gruñidos, en un contexto de juego, se confunden con una conducta agresiva, por ejemplo. Y la otra cosa es que no somos capaces de ponernos en el lugar del perro y saber cómo percibe el mundo y esto genera muchos malos entendidos. Mucha gente cuando llegan a casa y ven que el perro ha cometido un destrozo  o una conducta indeseable le riñen o le atan y el perro no entiende el castigo a destiempo. Más bien le genera más incertidumbre y ansiedad, con lo cual puede tender más a los destrozos.

Hay personas que no siempre saben leer a su perro, interpretarlo. Hay veces en las que pequeños mordiscos o gruñidos, en un contexto de juego, se confunden con una conducta agresiva.

¿Cuál es la mejor conducta que podemos tener cuando pasa esto, cuando causa un destrozo?

Cuando sea un cachorro que no conoce la normativa, si previamente ha hecho algo mal, no podemos decirle que eso no se hacía, porque no lo va a entender si no es en el momento, pero cuando se tenga que quedar en casa solo de nuevo podemos darle un paseo agradable para que se relaje, en el que pueda olfatear, jugar con otros perros en el parque… De esta manera estará predispuesto a descansar cuando lleguemos a casa y tenga que quedarse solo. Esto por un lado. Luego, reducir el espacio de «destrucción». Dejarle toda la casa a su alcance es suicida en un cachorro porque no nace enseñado y no tiene por qué saber que el cable de wi-fi no se puede roer, en cambio un juguete sí. Podemos dejarle en una habitación donde no haya mucho peligro, o bien en un parque canino, donde no pueda destrozar nada de valor. En tercer lugar, si después del paseo todavía le queda un poco de energía, podemos ofrecerle alternativas, como los sudokus para perros, un hueso para roer o algo con lo que nuestro animal pueda pasar un buen rato distraído.

Para evitar destrozos podemos dejar a nuestro perro en una habitación donde no haya mucho peligro o en un parque canino, donde no pueda destrozar nada de valor. En tercer lugar, si después del paseo todavía le queda un poco de energía, podemos ofrecerle alternativas, como los sudokus para perros o algún hueso para roer.

Y cuando optamos por adoptar un perro adulto, ¿cómo es mejor educarle, cuando ya hay ciertos comportamientos adquiridos?

El perro adulto, si no sabemos su historial, es una caja de sorpresas, porque a diferencia del cachorro, no hemos podido supervisarlo en sus conductas. Puede ser que nos venga de maravilla y nos ahorremos un montón de trabajo, porque tiene adquiridos hábitos como los pipís y las cacas y esta ya es una pelea menos con la que no tendremos que lidiar y nos ahorraremos mucho trabajo, pero también puede arrastrar alguna experiencia traumática que se deba trabajar. Lo mejor es establecer un buen vínculo con él.

¿Y cómo podemos favorecer este vínculo?

El mismo aprendizaje de los ejercicios básicos es una forma de establecer vínculos, porque no deja de ser un juego sometido a unas normas, ademas de comportar una comodidad para el dueño. Podemos enseñarle primero a que se quede quieto, por ejemplo y una vez ha adquirido este conocimiento, podemos hacer juegos de tipo olfativo, que busque cosas; el tira y afloja, con un mordedor…Hay que buscar un nivel de excitación que sea lo suficientemente bajo para que si luego le pides que interrumpa el juego sea capaz de hacerlo y atender.

Gema Salgado

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