“Es básico para la piel que el paciente no tenga ningún déficit nutricional”

Carlos Vich – especialista en dermatología veterinaría ESAVS de Luxemburgo

Actualizado el 5 enero, 2017

La dedicación de Carlos Vich a la dermatología es toda una pasión que trasmite a profesionales de la veterinaria del resto de España, Europa y América Latina y que vuelca en sus pacientes. Escribe, enseña y trata la dermatología veterinaria en pequeños animales, perros y gatos, con un entusiasmo contagioso. También asume aquellos casos más complicados; esos que no responden a los cuadros clínicos conocidos. Para él son retos y suelen tener un final satisfactorio. Su compañero inseparable: su microscopio.

 

¿Por qué pensó en convertirte en especialista en dermatología veterinaria?

En casa de mis padres siempre habíamos tenido perros y la última que tuvimos fue una pastor alemán llamada Inca que tenía problemas de piel. Tenía mucho prurito (picor) y ahora ya sé que tenía una dermatitis alérgica a la picadura de pulgas (DAPP) con pioderma; pero en aquellos tiempos no había productos para pulgas y no había manera de acabar con ellas. Como no lo conseguíamos seguía teniendo prurito y pioderma. Yo pensaba: “no puede ser que a mi perra no tenga cura”. Empecé a investigar y estudiar y de ahí surgió mi pasión por la dermatología veterinaria.

¿Ya orientó los estudios de veterinaria a la dermatología?

Cuando acabé la carrera de veterinaria me fui a hacer una estancia con un dermatólogo Fabrizio Fabbrini  muy reconocido en Italia. Empecé a hacer visitas especializadas con él y tres años más tarde obtuve mi certificado en dermatología en Luxemburgo.

¿Qué cuidados básicos necesita la piel de un perro?

Sobre todo una buena nutrición. Es básico y fundamental para la piel que el paciente no tenga ningún déficit nutricional, sobre todo con ácidos grasos que forman parte de la barrera cutánea (film hidrolipídico). Y luego tiene que tener una higiene habitual y continuada porque no es cierto que no se pueda bañar a diario a un gato o un perro.

¿Eso no es chocante con lo que se suele recomendar tradicionalmente?

Sí, pero también son chocantes muchas cosas en esta vida que se han ido desmintiendo. El film hidrolipídico se compone de la conjunción de las glándulas sudorípara y sebácea se forma en 24 horas, con lo cual, en casos extremos se puede llevar a bañar al animal, perro o gato, una vez al día. Eso sí, en general, los baños terapéuticos son de 1 a 3 por semana, y los baños fisiológicos se pueden hacer cuando uno quiera. En este último caso la media es uno cada mes, cada 2 o 3 meses, o cada 6. Depende del caso siempre que se cumplan condiciones como champú correcto, temperatura correcta, buen secado, etcétera.

 

“No es cierto que no se pueda bañar a diario a un gato o un perro”

 

¿Qué es un champú correcto, una temperatura correcta, y un buen secado?

Un buen champú es un champú de veterinaria y el adecuado a cada caso.  Si es para un baño fisiológico tiene que contener moléculas muy suaves como las del aloe vera, avena coloidal, glicerina, ceramidas… Cuando ya hablamos de patología y el paciente tiene infecciones hablamos de moléculas activas, como por ejemplo clorhexidina, triclosán, lactato de etilo, peróxido de benzoilo, ácido salicílico, fitoesfingosina, miconazol, etcétera.

¿Cuáles serían los cuidados básicos de la piel de un gato?

Básicamente igual que los del perro: una buena nutrición porque de nuevo la aportación de oligoelementos, minerales, vitaminas y ácidos grasos es fundamental para todo el proceso de queratinización. Y luego la higiene; un gato también puede ser bañado cuando se quiera; siempre y cuando sea hidrofílico (que no tenga miedo al agua), porque si es hidrofóbico (fobia al agua) lo va a pasar mal.

¿En caso de los hidrofóbicos?

Hay casos en los que es incompatible el baño del gato; pero ahora también hay soluciones de alta calidad como espumas y champús en seco.

¿Qué hay de cierto en que ahora perros y gatos tienen más problemas dermatológicos?

Por una parte es cierto y por otra hay que actualizarse. Es cierto que hay mucha selección racial y con ella enfermedades dermatológicas de origen hereditario que se llaman genodermatosis. Pero, por otra parte, no se encuentra lo que no se busca. Esto significa que hasta hace no mucho tiempo no se buscaban enfermedades porque no se conocían; una vez que se conocen y que tenemos pacientes con sintomatología compatible se han identificado.

¿Hay más enfermedades? Yo diría que no, lo que sí hay, quizás, es más alergia ambiental. Porque hay mucha consanguinidad, porque es una alergia que tiene mucho que ver con la genética y porque, así como en las personas, sistema inmunitario en general de los animales, muchas veces está atenuado o está inmunosuprimido  y hace que haya infecciones secundarias bacterianas o por levaduras, infestaciones parasitarias o incluso puede estar inmunorreactivo desencadenando una hipersensibilidad ambiental y/o alimentaria.

 

“Hasta hace no mucho tiempo no se buscaban enfermedades porque no se conocían”

 

¿Cuáles son las genodermatosis más habituales?

Por ejemplo, en el Shar Pei hay una que es muy impactante que se llama mucinosis cutánea. Es una acumulación de mucina (un mucopolisacárido) en la dermis que hace que sea más gruesa y por eso tienen pliegues; pero llega un momento en que estos son exagerados que producen patología. A veces se generan vesículas de mucina que se rompen y segregan una sustancia muy similar a la resina del pino.

Luego está por ejemplo la dermatomiositis, una enfermedad de predisposición racial en Collies y Shetlands que afecta a la piel y al músculo. También se puede mencionar la vasculitis (inflamación de vasos sanguíneos) en los Jack Russell Terrier. Hay muchas enfermedades de origen hereditario y de tratamiento dermatológico.

Usted imparte formación sobre dermatología veterinaria a especialistas de pequeños animales y trata los casos más extremos. ¿Cuáles suelen ser las causas de esos casos más extremos?

Trato los casos que se salen de la norma, cuando el paciente tiene un síndrome muy concreto o cuando no responde a tratamientos habituales; esa es la labor del especialista. Pero yo diría que muchas veces una enfermedad conlleva a otra; es decir, puede surgir una enfermedad autoinmune producida por el tratamiento de otra patología. O puede que la propia enfermedad mute y produzca una alteración secundaria. Es ahí donde se complica el cuadro clínico.

Teniendo en cuenta que atiende casos en todo el mundo, ¿ha advertido diferencias en problemas dermatológicos en función de la geografía o el clima?

Sí, por ejemplo las parasitosis y los pólenes producen sensibilidades diferentes en función de su origen. Por ejemplo, no es lo mismo un pino de Florida que un pino del Mediterráneo. Puedes hacer una prueba de alergia en Florida con el alérgeno de pino Mediterráneo y que te salga negativa porque el paciente no está sensibilizado a esa variedad.

También hay parásitos que se encuentran en unas zonas del planeta y no en otras como el Notoedris Cati, que produce la sarna notoédrica del gato; o el Neotrombicula Autumnalis, un ácaro que se localiza en áreas húmedas y de montaña.

¿Cuáles serían los problemas dermatológicos que provocan las parasitosis?

Como norma general producen prurito (picor) a causa de la inflamación cutánea que provocan.

¿La prevención es la veterinaria del futuro especialmente en dermatología?

La prevención y la profilaxis es el futuro de toda enfermedad y medicina; también de la dermatología. Por eso hago hincapié en una nutrición sana y equilibrada porque es la base; aparte de una buena higiene y una correcta desparasitación. Con esto podemos tener al paciente en una situación correcta a nivel de sistema inmunitario.