El vínculo con el gato

Un gato en un hogar da compañía, genera ternura, y es compañero de juegos y de diversión.

Actualizado el 21 enero, 2017

Cada vez se sabe más sobre el vínculo que comparten mascotas y propietarios. Es especialmente interesante observar la unión entre un felino y su persona favorita. Porque la historia señala que el gato no fue domesticado por el hombre sino que escogió, por su propia elección e interés, vivir cerca de los humanos. De hecho, existe bibliografía en la que se destaca que “el gato escoge al humano que será su amo”.

Su utilidad a la hora de mantener a los roedores alejados del fruto de las cosechas fue probablemente una de las causas por las que el gato no encontró un rechazo frontal por parte del hombre. El beneficio era mutuo, los felinos tenían asegurada una fuente de alimento más que regular y el hombre no veía mermar sus depósitos de cereales. De hecho, los antiguos egipcios lo consideraban sagrado.

Esa domesticación “de puerta abierta” forma parte de la historia del vínculo entre humanos y felinos y es uno de los ejes de libros como ‘Elogio del gato’ de Stéphane Hochet donde se destaca el espíritu libre e independiente del gato. Pero lo que es innegable es que el vínculo entre el gato y su propietario o propietaria existe y puede llegar a ser muy fuerte a nivel emocional. Un gato en un hogar da compañía, genera ternura, y es compañero de juegos y de diversión.

Estrecha tu vínculo

La vinculación con un gatito o un gato joven depende de la personalidad y la experiencia vital del animal. Es fundamental que nos identifique como su fuente de alimento. Tiene que ver que somos nosotros quien le proporcionamos su comida y su agua. Si desde muy pequeño tiene contacto con personas es probable que sea amable, incluso cariñoso y mimoso. Lo importante es no forzarlo y contribuir a su aprendizaje y a su conexión con el entorno. Ante todo es básico no levantar la voz cuando estemos con él ya que aborrecen los gritos y los ruidos fuertes. Ha de tener siempre un área cómoda para descansar, “sus cosas” (cama, juguetes…) y su cuota de atención. Uno de los aspectos que se señalan en las investigaciones basadas en la observación sobre el vínculo entre personas y gatos es la atención que se prestan mutuamente y el contacto físico (caricias, juegos compartidos…).

Si el gatito es tímido o asustadizo es mejor dejarlo tranquilo en un cuarto pequeño donde se sienta seguro, con la puerta abierta para que pueda apreciar rápidamente que puede utilizar esa vía de escape si quiere, y sentarse tranquilamente en el suelo, por ejemplo, a leer. Evitemos mirarle directa e intensamente a los ojos. Probablemente su curiosidad natural le hará salir para investigar quiénes somos y qué hacemos. ¿Cuándo ocurrirá eso? Puede que pase solo un rato o que necesite más tiempo.

Una vez que se interese por nosotros, se dejará acariciar cuando esté listo y no antes. Hay gatos que querrán ser acariciados y otros que simplemente querrán sentarse cerca de nosotros aunque no a nuestro lado. Todo depende de su personalidad.

El aprendizaje temprano puede ser crucial. Los gatitos aprenden lecciones sociales claves entre la segunda y la novena semana de edad. Tener contacto con personas, del entorno familiar y de fuera de él, con otros gatos o con otros perros… en un entorno controlado para él, en el que se sienta protegido, es fundamental.

Su punto flaco

Llegar a conocer su punto flaco para las caricias es muy útil. En general no pueden resistirse a unas suaves y repetitivas presiones en la cara, justo entre los ojos (por encima de la nariz). Pero cada gato tiene sus preferencias para las caricias: el cuello, tras las orejas… y si llega a ponerse panza arriba es que confía plenamente en nosotros.

Si mientras lo acariciamos nos obsequia con lametones o suaves mordiscos ¡es perfecto! Son muestras de su cariño. Que llegue a frotar su cabeza con la nuestra es señal indiscutible de que formamos parte “de su círculo”.

Saber dónde está el límite

Pero tan importante como saber conectar con él es saber ver que ya tiene suficientes caricias. Pupilas dilatadas, contracciones nerviosas de piel, meneo insistente de la cola, casi como dando golpes con ella en el suelo, son signos reveladores de que quiere que le dejemos tranquilo.

Recuerda: si tienes dudas, consulta siempre al veterinario.