Torsión de estómago: cómo detectarla y prevenirla

27 Sep 2018 | Consejos, Perro | 0 Comentarios

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Si tu perro es de raza grande, tiene más de seis meses, es muy glotón y come y bebe con ansiedad porque solo puedes ofrecerle comida una vez al día, puede sufrir una torsión de estómago en el momento menos pensado, un problema de salud grave que pasa por tratamiento quirúrgico urgente y en el que no siempre se puede preservar la vida del animal. Para prevenirlo o tratarlo te sugerimos leer con detenimiento estas recomendaciones:

La torsión de estómago en el perro es una afección severa en la que el estómago del animal padece una distensión anormal y una rotación que cambia su posición anatómica. Esta patología se asocia a una obstrucción o colapso en el flujo del vaciado gástrico (el perro no puede evacuar o vomitar lo ingerido) a causa de una acumulación de alimento, líquidos y gases estomacales producidos por la fermentación de los hidratos de carbono durante la digestión, por la ingesta de aire durante la comida (aerofagia) y por otros procesos metabólicos. Esta distensión y torsión del estómago impide la circulación sanguínea del estómago y limita la cantidad de sangre que llega a otras partes del cuerpo con lo cual se reduce el aporte de oxígeno y nutrientes a las células, el animal entra en shock y se producen daños que pueden ser irreversibles.

Aunque no existe una causa clara de por qué algunos perros de una misma raza desarrollan este problema de salud y otros no, hay indicios de que la torsión podría deberse a la debilidad de los ligamentos que sujetan el estómago (ligamentos gastroduodenal y hepatogástrico) y a una predisposición genética, ya que en diferentes estudios ha podido observarse que cuando los padres o los abuelos de un perro presentan este problema de salud aumentan las posibilidades de que también lo hagan sus sucesores.

Razas grandes sobre todo

Aparte de la mencionada predisposición genética y la debilidad de los ligamentos que sujetan el estómago, hay otros factores de riesgo constatables, como el hecho de que esta patología se dé sobre todo en razas grandes de perros con tórax profundo y estrecho, como el Gran Danés, el San Bernardo, el Braco de Weimar, el Boyero de Berna, el Akita Inu, el Pastor Alemán, el Doberman y el Setter inglés, entre otros, aunque también hay razas pequeñas propensas a padecer esta afección, como el Basset Hound y medianas, como el Shar Pei. Suelen ser perros que comen y beben compulsivamente, de forma rápida y abundante y que suelen hacer solo una ingesta al día; de ahí que lleguen con mucha hambre y aumente su voracidad y ansiedad frente al plato de comida. El problema aumenta en perros senior y cuando el animal realiza ejercicio intenso poco tiempo después de comer.

Torsión-estómago

Cómo detectar el problema

El primer síntoma que puede indicarnos que nuestro peludo sufre una torsión de estómago es la distensión abdominal aguda. Su vientre se infla y le duele cuando se lo tocamos. Esta dilatación abdominal se suele acompañar de ganas de vomitar de forma improductiva, de babeo; su espalda puede estar arqueada por el dolor. También puede presentar nerviosismo e inquietud y dificultad respiratoria. En estos casos es conveniente acudir de inmediato al veterinario de confianza o a un hospital veterinario donde le realizarán una exploración física rápida, estabilizarán al animal y confirmarán la dolencia a través de radiografías abdominales. La solución pasa en este caso por la intervención quirúrgica de urgencia, en la que el cirujano recolocará el estómago de nuestra mascota en su posición habitual y lo fijará en la pared costal. Este tipo de cirugía tiene un alto riesgo y requiere de un control postoperatorio de al menos tres días de duración.

Cómo podemos prevenirla

  1. Reparte su comida en tres tomas racionalizando la cantidad. Evita que realice una única ingesta al día y evita también que coma mucha cantidad. Si le pones pienso abundante en tan solo una comida es normal que llegue a ese momento con hambre y se abalance a devorar el alimento con avidez y ansiedad, con lo cual se llenará enseguida de comida y de aire que le provocarán gases. Pasará lo mismo con el agua. Si no le puedes servir tú la comida durante el día puedes utilizar un comedero dosificador. Te permitirá regular las horas y las dosis exactas. Los hay que incorporan también bebedero para mantener el agua siempre fresca.

 

  1. Ofrécele a tu perro un pienso digestivo y de alto contenido calórico. De esta manera evitarás comidas copiosas y con menor cantidad aprovechará mejor los nutrientes que ingiera.

 

  1. Bolitas de pienso más grandes. Otra solución si tu peludo es muy ansioso y glotón a la hora de comer es ponerle bolitas de pienso más grandes. Así se entretendrá algo más en masticarlas y se saciará antes sin engullir e inflarse.

 

  1. Evita los cuencos elevados o que el comedero se encuentre en un lugar elevado. Lo ideal es que los comederos se sitúen en el suelo. De esta forma se evitarán posibles aerofagias.

 

  1. Pon a su disposición agua fresca en varios momentos del día. De esta manera se irá dosificando mejor el aporte hídrico y no beberá con tanta ansiedad al acabar de comer.

 

  1. Evita que tu perro haga ejercicio físico durante la hora posterior a su comida. Si además haces un paseo largo con él con actividad intensa no le des de comer hasta que no haya pasado al menos 1 hora y se haya tranquilizado.

 

  1. Evita las situaciones de estrés para tu perro. Muchas conductas nerviosas a la hora de comer obedecen a que le perro sufre estrés por estar solo durante mucho tiempo, por falta de afecto, por cambios en su entorno… Si pasas tiempo con él mostrándole tu cariño y enseñándole a tranquilizarse a la hora de comer evitarás problemas tan severos como este y aumentarás sensiblemente su bienestar físico y emocional.

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